EL ESTUDIO

El estudio es también medio privilegiado para cualificar la experiencia espiritual, por el conocimiento que posibilita del hombre y la historia, de la Sagrada Escritura y la tradición patrística y monástica, de la realidad del mundo.

La búsqueda de Dios, con la especial intensidad que ha de tener en la vida monástica, reclama el silencio, la soledad y el retiro, condiciones necesarias para la escucha del Señor y del hombre, del clamor del mundo y las apelaciones del Espíritu. La vida del monje ha de ser, pues, una vida sobria; la ascesis, esto es, una vida disciplinada y esforzada, permite tal sobriedad. Indudablemente, para una comunidad urbana como la nuestra, entrar en el silencio y la soledad, vivir el retiro y la sobriedad, es un reto mayor. La vigilancia y el esfuerzo ascético son necesarios para alcanzar el silencio interior, sin el cual de nada valdrían el silencio exterior y el retiro geográfico. A este respecto, el voto de estabilidad que hacemos los monjes en nuestra profesión monástica alcanza especial relevancia: permanencia en el monasterio, pero igual, y sobre todo, permanencia en el empeño monástico, en “el recuerdo de Dios”.

San Benito ha dado especial importancia a otra actitud que completa el perfil del monje: La acogida y la hospitalidad. Con clara conciencia de la presencia del Señor en los huéspedes y visitantes, da indicaciones precisas sobre la recepción de quienes llegan a la hospedería y la portería del monasterio, para compartir con ellos la Palabra de Dios y la oración.

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