BÚSQUEDA DE DIOS CON LA INTENSIDAD DE LO ABSOLUTO

Búsqueda de Dios con la intensidad de lo absoluto, es decir, como lo único necesario, a la que consagra el monje la vida entera, su ser, su tiempo, sus energías, su actividad. “Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser”. Esto implica para el monje la atención permanente, ininterrumpida, a la presencia de Dios que lo habita; es la “memoria Dei” (el recuerdo permanente y continuo de Dios) de que han hablado los padres monásticos desde antiguo.

Si tal es el objetivo, es comprensible que San Benito señale la solicitud para la oración como medio privilegiado para alcanzarlo. En la vida de la comunidad monástica ocupa un lugar prioritario la celebración litúrgica de las horas (llamada en la Regla de S. Benito “la obra de Dios”); desde la madrugada hasta el anochecer los monjes nos reunimos a distintas horas en el coro para cantar la alabanza divina, para orar por la Iglesia y por los hombres del mundo entero, para dar gracias al Señor por su misericordia. La acción de gracias, en comunión con la Iglesia universal, alcanza su punto culminante en la celebración de la Eucaristía, centro de la jornada monástica.

La atención permanente a la presencia de Dios reclama la escucha atenta de su palabra. Momentos privilegiados de la proclamación y la escucha de la Palabra del Señor son, sin duda, los de la celebración litúrgica. Pero de igual manera hay otra “actividad espiritual” que ocupa un tiempo importante en el horario monástico: La “lectio divina”, es decir, la lectura orante de la Sagrada Escritura. A ella consagra cada monje en la soledad y el silencio de su celda dos ratos prolongados cada día, uno al empezar la jornada y otro al atardecer.

“Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser”…y “amar al prójimo como a sí mismo”. De estos dos mandamientos penden la ley y los profetas, lo ha dicho el mismo Jesús (Mt 22,37-40). La vida cristiana es auténtica si se vive en fraternidad. Al ingresar al monasterio y hacer profesión de vida monástica, los monjes nos unimos en alianza de amor a una comunidad concreta de hermanos, para compartir por siempre con ellos la vida, la fe, la oración, el trabajo, los bienes. En la celebración litúrgica y en la escucha de la misma Palabra de Vida, El Señor va tejiendo lazos de fraternidad irrompibles entre los monjes, va consolidando la comunión.

Comunión de vida, comunión de fe, comunión de bienes, comunión de trabajo. “Ora et labora” ha sido una divisa popular con la que se caracteriza a los monjes Benedictinos. Estas tres palabras latinas se encuentran por doquier en los monasterios, en muros y libros, en pórticos y vallas; pero, hay que decirlo, no expresan con exactitud la experiencia de vida de los monjes. Falta un elemento que complete el trípode sobre el que se asienta la vida monástica Benedictina: la “Lectio Divina”, tal como se la ha presentado atrás.

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